la tierra rota

En los tiempos que corren, la humanidad camina hacia el abismo sin control, como un autobús hasta los topes por una carretera de los Andes a 3.000 metros de altura sin frenos, mientras los pasajeros del interior escuchan música con los auriculares y observan el entretenimiento de turno en su Smartphone.

El modelo energético basado en su mayoría en el más contaminante de los combustibles (energía nuclear) llenado el planeta de residuos que tardaran miles y miles de años en desaparecer; un modelo agrícola que destina casi un 50% de la producción en alimentar ganado que pasará toda su vida encerrado en una jaula para que en el primer mundo podamos comer carne envenenada con hormonas y antibióticos; un modelo económico corrupto y completamente podrido hasta la raíz; una industria farmacéutica que se preocupa más en el beneficio económico que en curar a las personas creando enfermos crónicos y con muy poco interés en curar enfermedades; una industria alimentaria dominada por lobbies que nos envenenan con aditivos, colorantes, conservantes, azucares, edulcorantes, transgénicos y procesos de producción completamente perjudiciales para la salud; contaminando los océanos; talando bosques; exterminando especies animales y forzando hasta el límite la capacidad de nuestro planeta.

A pesar de toda esa basura, el hombre es capaz de las cosas más increíbles y esperanzadoras, solo tenemos que despertar, recuperar la humanidad que perdimos por el camino y borrar todas esas cosas que sin sentido ensucian esta especie, que si bien humana, hoy en día esa palabra debería ser una enfermedad zombie más que una cualidad. Y es que así es como veo yo a la mayoría de la humanidad, zombies con el cerebro roto que únicamente se mueven cegados por el dinero e intereses sin darse cuenta de que todos somos hermanos y junto con nuestros vecinos los animales, vegetales e insectos vivimos en una enorme casa que llamamos tierra, rota y malherida por nuestros excesos.